22.2.12

Lo mío con los telares.


A diferencia de lo mío con el punto o el bordado, lo de los telares no me viene de la infancia. Los Reyes no me trajeron nunca el Tejenova (aunque sí el Ceranova, gran juguete educativo que me enseñó a hacer velitas y a gestionar mis primeros incendios).
El contacto con el telar llegó hace unos años en la escuela, donde empecé a tejer con un telar de alto lizo. En honor a la verdad tengo que decir que a pesar de mi intensa pasión textil lo de hacer tapices no me conquistó. Aquí abajo podéis ver uno que me llevó muchas, muchas, muchas horas terminar. Si os preguntáis cuántas horas son muchas, pues como 100 o más.
Unos meses depués llegó el turno del telar de bajo lizo, ése grande con pedales que parece un mueble... y aquello sí fue un flechazo arrebatador.
Imaginad lo que se puede sentir cuando un incio caótico y poco prometedor como este...
... se ve desmentido sólo 5 horas más tarde por esto:
El subidón creativo me mantuvo tejiendo como loca en los meses siguientes. Tejí bufandas, cojines, alfombras, caminos de mesa e incluso una manta. Y entonces llegó el día de decirle adiós al telar para cederlo a los usurpadores otros alumnos de la escuela.


El síndrome de abstinencia que siguió me hizo pasar mucho rato buscando la manera poder tejer en casa. Las condiciones de partida eran las siguientes: 
a) no tengo espacio 
y b) no tengo dinero. 
Y mientras esperaba la venida del telar gratis que se materializa en mi salón y desmaterializa en el éter según la necesidad, se me fueron apareciendo una serie de telarcitos pequeños, casi insignificantes. Curiosos instrumentos marginales en la historia textil, dispersos y lejanamente emparentados entre sí.


¿Qué es todo esto?, me pregunté. Empecé a recopilar información y a intentar hacerme un mapa mental de los muchos telares que me iba encontrando: telar de cintura, de varillas, de bastidor, de peine rígido, telar azteca, telar universal...etc. Todo ello complicado por el hecho de que de un mismo tipo de telar suelen existir múltiples variantes formales, que reciben diferentes nombres y que a su vez varían según el país. Vamos, un caos fascinante.

Al mismo tiempo me iba dando cuenta de algo maravilloso: que prácticamente cualquier cosa se puede convertir en un telar. Que puede ser barato, incluso gratis!, y que te lo puedes hacer tú. Que con un cartón, un peine o un hula hoop se puede tejer. 
Después de algún tiempo decidí convertir mi pequeña obsesión por los ‘telares alternativos’ en la base para mi proyecto final en la escuela. Siguieron entonces unos meses intensos de investigación construyendo mis propios telares, experimentando con las técnicas, sintentizando la montaña de información. 

En el proyecto me centré en los telares de bastidor, que no son otra cosa que marcos con clavos que se pueden construir fácilmente y que permiten trabajar rápido y obtener resultados increíbles. En la galería tenéis una recopilación de objetos que he hecho hasta ahora, pero habrá más, ya lo creo que sí. ¡Volved de visita a menudo y no os lo perdáis!

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