1.3.12

Crazy quilt: el reciclaje extremo de las bisabuelas.

Quilts realizados en Estados Unidos entre mediados del S. XIX  y principios del S. XX.
Todas las imágenes provienen del CanadaTextile Museum.

Tengo una relación extraña con el patchwork. Una parte de mi se siente atraída porque combina dos de mis cosas favoritas: las telas de algodón estampadas y las composiciones geométricas. Pero otra parte de mi, poseída por lo que podríamos llamar ‘el espíritu de la pionera’ no puede ver un edredón de log cabins sin exclamar, ‘¿¿cómo?? ¿que alguien se ha gastado 200 euros en telas nuevas enteritas para cortarlas en tiras y volverlas a unir, con la pila de camisas viejas de Little John que tengo en el cobertizo??’

Es por ello que, sin desmerecer el maravilloso trabajo de las patchworkeras actuales, mi corazón vibra de forma especial cuando se encuentra con muestras de patchwork en su espíritu original: el reciclaje.
Soy consciente de que este reciclaje tiene un sentido diferente al actual. Era pura necesidad, y probablemente Mary y Jane soñaban con edredones nuevos de una sola pieza mientran cosían bloques con los harapos de sus hermanos, allá en su caravana renqueante camino del Far West. Lo que me emociona al ver estos ejemplos de reciclaje extremo, en los se aprovecha hasta el último centímetro, no es la precariedad que los generó sino la voluntad estética que hay, a pesar de todo. Esa chispa creativa que lleva a buscar la mejor combinación de colores y la composición más interesante. A darle un lugar de honor al caballito recortado de quién sabe dónde.

Realmente veo muy poca locura en estos crazy quilts. La locura para sus autoras habría sido no aprovechar la ropa vieja.

Hoy en día es poca la gente que practica el patchwork como una forma de reciclaje, aunque se pueden encontrar buenos ejemplos, como en este video o este otro. Admiro mucho a quien acepta el gran reto creativo de coser una nueva pieza a partir de un montón casual de ropa que se ha ido acumulando. Implica saber cortar para aprovechar al máximo las telas, seleccionar las que combinan mejor según tipo y grosor, y por supuesto, pensar en el diseño: colores, formas, composición. Me fascina como reto creativo y  además se ahorra dinero, recursos, y puede ser una manera útil de conservar prendas con valor sentimental. ¡Qué más se puede pedir!
Yo tengo ropa guardada que un día espero convertir en algo de patchwork... Es simplemente uno de mis doscientos mil proyectos pendientes.

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